Día internacional de las personas con discapacidad. “El sueño de un docente inclusivo”

Día internacional de las personas con discapacidad.  “El sueño de un docente inclusivo”

loriam2Con su sonrisa y la paz que busca todos los días, dulce y bondadoso, un docente se acerca a su aula escolar, más temprano que de costumbre, ve a sus colegas  y les dice:

Hoy les voy a contar un sueño, algo que me conmovió profundamente. Un chiquilín muy parecido a todos, se acercó junto a mí.
Alcanzábamos entre los dos a ver frente a un espejo, perritos, gatitos y pajarillos que pasaban, regalos y cuentos muchos…muchos…y en un salón de clase niños y niñas que bailaban, cantaban, aplaudían, reían y comían tortas de chocolate de muchos colores.

El chiquito junto a mí me miraba, como queriéndome decir entre lágrimas que a él le hubiese gustado vivir, reír  bailar, cantar y comer en la compañía más hermosa, sensible, honesta y pura de los que podrían haber sido sus amiguitos.  Sus ojos me pedían…

Déjame sueltas las manos
Déjame suelto el corazón
Déjame libre
Libera mis sentidos de la tempestad que vivo
Ahora que vuela mi vida, que se restringe y extingue.

Confundido de lo vivido, incierto del contexto, acompañado de pobres esperanzas con compañías infieles y desconfiados sueños, reto a la vida con la tenacidad que aún sobrevive, oigo en mi corazón pasos de un jinete mostrándonos le árbol del conocimiento, escudriño en la cercanía y se elevan las estructuras del examen y la muerte.

Amenaza el pensamiento  y al otro costado del espejo un anciano nos miraba… y me dijo… cuéntale que aquí no hay sufrimientos ni dolores, dile que la dicha corre por todas partes y que hace mucho tiempo que preparamos esta fiesta a su nombre, que lo esperan los crayones, balones y trompos.  Pero pídele que se ayude y por favor ayúdanos a ayudarlo, porque de lo contrario no podría entrar a este nuestro paraíso.

A través del confuso esplendor de lo que sucedía y sin saber que hacer, de repente el anciano toca mi frente con un pincel y deja que en mi palpite mi alma prisionera y mi viejo corazón ya olvidado por la rutina, le dije al chiquitín,

Sube a nacer conmigo mi niño
Dame la mano desde la profunda zona de tu dolor, para que hoy sea el mío.
Te prometo
Que no volverás al fondo de la soledad
No volverás al tiempo subterráneo de la oscuridad
No volverás a tu voz entristecida
No volverás  a tus ojos apagados
No temas que no has sido castigado

Y desperté, diciendo…Danos señor la fuerza de corazón para que estos niños fríos como el alambre, sientan  menos la carga que deben arrastrar todos los días, antes que el alguacil de la exclusión y su enamorada la segregación, abra sus puertas y les niegue el derecho a la FELICIDAD.

Por: Lina Flórez Perdomo

Fuente: Boletín No. 115 de REDEM 30/Nov./2012